Capítulo 38 of //Heaven Help Us//
Recomiendo otra vez canciones para leer con este capítulo. Decidan uds. xD
Regina Spektor: Ode to Divorce.
http://www.youtube.com/watch?v=PhLnPifHqQU
Carla Bruni: Chanson Triste.
http://www.youtube.com/watch?v=h32j42BdKaQ
Bury Them In Black
Habíamos llegado a la iglesia. No habíamos hablado mucho durante la caminata. No había nada de que hablar en realidad. Todo había sido dicho, aclarado. Caminábamos juntos de la mano hasta llegar al funeral que por suerte no había empezado. El cura estaba en la puerta y me preguntó si quería decir algunas palabras, dije que no. No estaba en condiciones de dar un discurso. Sentía demasiadas cosas juntas. A pesar de lo que había pasado con Frank mi corazón no se permitía estar feliz. Había perdido a dos de las personas más importantes en mi vida. Sólo Frank podría alejar la tristeza con el tiempo acompañándome. Le pedí que se sentase al lado mío en el primer banco. Gerard también estaba ahí, y con él, Mikey, Bob y Ray. Además habían asistido al funeral Taylor, Regina, Alicia y Amy. La verdad no tenía ni idea que hacía ahí después de todo el daño que me hizo últimamente, pero lo que menos quería ahora era averiguarlo.
El padre dio comienzo a la ceremonia, y durante todo el transcurso de la misma, lágrimas mojaron el vestido negro que tanto me gustaba y que había decidido, después de este momento, nunca más volver a usar en honor a mis padres.
Linda decidió no hacer recepción luego del funeral en la iglesia ya que lo único que se lograba con eso era conocer gente borracha poco interesada en el funeral y más interesaba en la comida y la bebida que se servía, lo cual me pareció bastante realista. Tampoco íbamos a ir al entierro. Linda había acordado que después de la iglesia los encargados de la funeraria llevarían los cajones al cementerio sin necesidad de que los viésemos ser lanzados a los pozos de dos metros de profundidad.
Volvimos a la casa en el más profundo silencio. Linda, tan atenta como siempre, había dejado listo el almuerzo, así que apenas llegamos, nos sentamos a pasar los pequeños bocados de comida que dicho sea de paso se resignaban a bajar hacia mi estómago. Tenía un nudo en la garganta, que solo el tiempo podría quitar.
Linda. Aly sé que todo esto es demasiado pronto, pero tus papás habían escrito un testamento, por seguridad, y antes de irse me dejaron el número del escribano que lo guarda, creo que deberíamos llamarlo, no te parece?
Yo: Sí, lo antes posible. Quiero saber con quién voy a vivir porque nunca conocí a otra parte de la familia que ellos dos.
Linda. Ehh, Aly, yo lo hablé eso con tus papás.
Yo: Qué hablaste?
Linda: Mirá Aly, con tus papás hablé mucho antes de que se fueran. Querían estar seguros de que no te iba a pasar nada. Que ibas a estar protegida. Ellos me contaron que no tenés más familia que ellos. Igual creo que lo mejor va ser hablar todo esto con el escribano.
Yo: Bueno.
---
Ahí estábamos, con un escribano que parecía poco entender lo que estaba pasando. Cada cinco minutos paraba la lectura del testamento para preguntarnos si estábamos bien y yo que le seguía respondiendo que no, que mis papás habían muerto hace un día, que no podía estar bien aunque así lo quisiera.
Como ya dije varias veces, no tenía ninguna otra familia más que mis papás. El testamento declaraba a Linda como mi tutora oficial hasta cumplidos los 21 años de edad y adquirida la mayoría. O sea, desde ahora en más Linda era como mi mamá. Esto era mucho en tan poco tiempo. Volvimos los tres callados en el auto, no podía decir una palabra, no estaba preparada para esto. No era que no me gustase la idea, pero no caía en que todo esto me estaba pasando.
Linda: Aly ya sé que esto va a sonar raro e incluso obvio para vos pero, preferirías volver a tu casa o vivir con nosotros desde ahora en más? Porque si querés vivir sola respetamos tu decisión, y somos vecinos así que siempre que necesites algo nosotros estamos, incluso podrías almorzar y cenar en casa, no sé, como quieras. Cualquiera de las decisiones que tomes va a estar bien.
Era ahora o nunca.
Yo: No puedo volver a pisar esa casa. Tiene la esencia de mis papás y quiero mirar al futuro, estoy harta de recordar al pasado. Nunca los voy a olvidar. Pero ya no están y tengo que aprender a vivir con eso.
Una lágrima caía de mi mejilla, y mi voz había cambiado a un tono más suave, triste y calmo.
Yo: Sé que suena cruel que diga esto cuando sólo pasó un día desde su muerte, pero fue muy difícil seguir cuando murió mi abuela, y no quiero caer en la depresión otra vez. Además desde ahora en más sos mi tutora así que para vos sería mucho más fácil tenerme cerca de vos, y para mí sería perfecto tenerlos a ustedes como familia como ya lo vinieron haciendo.
Y no era una lágrima. Eran cinco. Y aumentaban a medida de que expresaba mis pensamientos. En eso sentí que mi mano rozaba con algo. Con la mano de Frank. Subí la mirada y ví su brazo izquierdo estirado desde el asiento delantero del auto para que su mano alcanzase la mía. Se dio vuelta y me sonrió levemente. No dijimos nada más hasta llegar a casa. Desde ahora en más la casa de mis vecinos había pasado a ser mi casa.
---
Un mes después las últimas de mis posesiones habían sido finalmente instaladas en mi nueva casa. Había empezado las sesiones con una psicóloga, y me había dado cuenta que me hacía realmente bien hablar con una persona que no conocía nada de mí, aunque en alguna parte de mi cerebro yo sabía muy bien que estas personas escuchan porque uno les paga, pero a veces ayudan, y este es el caso.
A medida que pasaba el tiempo afianzaba más mi amistad con los chicos, Gerard era la persona a la que le podía contar todo, él nunca me iba a juzgar o a decir que estaba loca por hacer o pensar esto o aquello. Ray me ayudaba cada vez más con la guitarra, Ray era un genio directamente, y yo sabía que no le llegaba a los talones ni a él ni a Frank, por eso había empezado a tomar clases de guitarra con Ray. Bob era en cambio, mi guardaespaldas. Difícilmente puede que vuelva a encontrar una persona tan sobreprotectiva como Bob. Éramos como hermanos, y él me protegía de cualquier cosa, incluso de Amy, con quién nunca más hablé aunque estuviera saliendo con Gerard, para mí ella ya no existía más, la ignoraba completamente. Por el contrario, mi amistad con Taylor, Alicia y Regina crecía cada vez más, ellas eran un poquito más grandes que yo, y habían vivido mucho más que yo, que pasé cinco años de mi vida dentro de un termo estudiando y tratando de ser la hija perfecta.
A mis papás los extrañaba cada vez más, y se me hacía difícil levantarme todos los días de la cama para seguir viviendo. Todos los días me daba una buena razón o excusa mejor dicho para despertarme: “Hoy es por Linda que tanto me cuidó los últimos meses, no le puedo hacer esto a ella” o “Gerard tiene muchas esperanzas de que yo mejore, y hace todo lo posible para ayudarme” u “Hoy tengo clases de guitarra con Ray.”
Pero también vivía mis días preguntándome si algún día se acabarían las excusas que me levantaban cada día y me hacían luchar contra todo lo que me estaba pasando.



