.:post mortem...sternum:.
.:STERNUM:.
Me desconcentré. Mis pensamientos volaron. Me olvidé de mi piel, mis cicatrices. Frank y Gerard gritaban cada vez más fuerte. Y con una gran diferencia: pude escuchar lo que decían. En otro momento nada me hubiera importado, pero ahora estaba él. Gritaban, no paraban de gritar malas palabras, obscenidades, planes, palabras sobre sangre, asesinatos y muertes. Palabras mayores. Amenazas.
Nos habrá visto dormir juntos? Qué le va a hacer? Ay Dios! A ver si le pasa algo!!! Y si nos vio? Que será de mí? Y peor, qué le hará a Frank?
Tengo que hacer algo. CUALQUIER COSA. Antes de que lo lastime. Total, al dolor estaba acostumbrada.
Agarré la pluma que usaba para escribirle a mi diario y sin sacarle la tinta y con los ojos cerrados, la clavé en mi muñeca. Pude sentir como desgarraba mi piel, dolía más de lo pensado, pero un agujero no iba a asustar a Gerard, ni un agujero ni mucho más. Arrastré la pluma de modo que desgarrase con todo lo que se encontrase. La sangre fluía rápido y limpia, al principio transparente y espesa, luego más líquida. Me acosté tranquila en la cama, sin agitarme, tratando de mantener el pulso lo más suave posible. Alguien iba a entrar en algún momento. Espero que no muy tarde.
Estaba casi dormida, o desmayada cuando sentí la puerta abrirse.
“Alyson pode/
La voz de Frank se trabó. No, más que trabarse se quebró. No todos los días se abre la puerta y se encuentra a alguien acostado y con un cuerpo cortado y sangrando. Salvo yo, que estaba acostumbrada a hacer sangrar a cuerpos.
“QUÉ HICISTE?” “GERARD!” “GERARD!!!”
Pude escuchar pasos, gritos, la voz de Frank. Gritando, tratando de que salieran palabras por la boca. Pensé en cuánto podría estar sufriendo en este momento. En cuanto lo hice sufrir. Y con la última imagen de él, vi esta vez, todo negro.
Tardé al menos tres semanas en recuperarme. En poder mover las muñecas otra vez. Mi diario quedó incompleto por el momento, no podía escribir en él todo lo que sentía. Y era mejor así. Era mejor poder hablar con Frank de lo que me pasaba y no con el diario. Empezamos a tener conversaciones largas, de todo tipo, política, medicina, relaciones, amistades, valores, música, moral, mis muñecas y mis cortes.
“Puedo preguntar algo?”
“Siempre preguntas algo.”
“Lo sé. Pero..por qué?”
“Creí que te iba a golpear o algo así. Tenía miedo.”
“Miedo de qué?”
“De quedarme sola.”
“De perderme.”
“De perderte. De volver a bañarme con agua fría.”
“Ey! Solo para eso sirvo?”
“Sabes que no.”
“No puedo creer que hayas hecho eso por si Gerard me hacía algo. Es una locura.”
“Lo hecho, hecho está.”
“Al menos salió algo bueno de esa discusión.”
“Ah en serio? No me parece.”
“Ya vas a ver.”
Sin decirme nada más al respecto, se levantó de la cama en la que estábamos recostados. Abrió la puerta y ni me dio tiempo a preguntarle porqué se iba.
Esperé que Frank entrase por esa puerta durante dos horas. Finalmente me quedé dormida. Ningún sueño en discordia. Antes de estar acá no soñaba mucho, pero cuando éstos cambiaron mi vida, empecé a tener pesadillas. Frank se asustaba y me despertaba en medio de la noche para terminar con esos sueños horribles. Pero esta vez no. Era un alivio saber que nada había perturbado mi cabeza durante mi dormir.
Me levanté para ver que Frank estaba al lado mío. Mirándome fijo.
“A dónde fuiste?”
“Tomá. Ponete esto.”
Me entregó una bolsa. Se dio vuelta. Intuyó que no estaba haciendo lo que me decía.
“No escucho movimiento.”
“Qué es esto?”
“Ropa. Ponétela.”
“Para?”
“Confía en mí. Usala.”
Ahora sí confiaba en él. No sé porqué pero algo me hacía mirarlo a los ojos y entregare mi vida. Sin miedo, sin desconfianza.
Me cambié lo más rápido que pude. Las ropas me quedaban perfectas. Ni más chicas, ni más grandes. Justas. Para mí.
“Listo?”
“Listo.”
Me volvió a mirar. Me sonrió. Me miró a los ojos. Buscó mi mano y me la agarró.
“Vamos.”
Abrió la puerta.
“Qué hacés?”
Me detuve al hacerle la pregunta.
“Salimos por la puerta quizá?”
”Gerard me mata si salgo!!!”
“No hoy. Vamos”



